Preguntas Frecuentes - Obstetricia

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG, por sus siglas en Inglés) recomienda el ejercicio moderado en esta etapa, siempre y cuando no exista alguna contraindicación médica. Hacerlo, trae beneficios a la mujer, tanto física como emocionalmente; además, al quemar calorías evitas la excesiva ganancia de peso. El tiempo recomendable son 30 minutos diarios. Pero debes interrumpirlo y llamar de inmediato a tu médico si presentas alguno de estos síntomas: Hemorragia o flujo vaginal anormal; disminución de los movimientos del bebé; dolor en el pecho, pantorrillas ó cabeza; y, por supuesto, contracciones uterinas (amenaza de parto prematuro). Hay grupos de psicoprofilaxis prenatal que enseñan ejercicios moderados que contribuyen a la relajación y flexibilidad de tu cuerpo, y lo preparan para ese momento tan esperado: el nacimiento del bebé.

Se refiere al desprendimiento y extracción de la placenta. El desprendimiento espontáneo de la placenta tarda entre 5 y 30 minutos.

Una vez terminado el evento obstétrico, usualmente se realiza una revisión de la cavidad uterina para descartar que haya restos de placenta, y se hace una inspección del cuello uterino y de la vagina para descartar desgarres que haya que reparar. Posteriormente, pasas al cuarto de recuperación por un lapso de una a dos horas, mientras vigilan tus signos vitales y el sangrado posparto

Más de la mitad de las embarazadas experimenta náuseas y vómitos matutinos, los cuales suelen desaparecer al final del primer trimestre. Si sólo hay náuseas probablemente se deban a la combinación de una serie de factores como estrés, ansiedad, dieta alta en grasas y retardo en el vaciamiento del estómago, entre otros. Si también tienes vómitos persistentes, es necesario descartar una condición llamada “hiperémesis gravídica”, la cual generalmente desaparece al llegar a la mitad del embarazo, aunque en algunos casos permanece los nueve meses. Ésta se presenta en 1.5% a 2% de los embarazos, y puede provocar deshidratación y desnutrición. Afortunadamente, si se trata a tiempo, no representa ningún riesgo para la madre ni para el bebé.

En cuanto a su causa específica, no se sabe con certeza, pero se cree que la hormona del embarazo (llamada hCG) y los estrógenos elevados activan el centro que controlan las náuseas y los vómitos en el cerebro. Un estudio a embarazadas, con Hiperémesis Gravídica, publicado en la revista Obstetrics & Gynecology, reportó que 90% de ellas estaban infectadas con la bacteria Helicobacter pilori, tal vez relacionada con ésa condición. Los síntomas de una Hiperémesis Gravídica son: Náuseas y vómitos severos (más de cuatro al día), incapacidad para retener líquidos orales por un período de 24 horas, micción poco frecuente, piel reseca y una pérdida de peso mayor de 2 kg. en una semana.

Acude con tu médico para que te haga una evaluación y determine en origen de tus náuseas y demás malestares, con la finalidad de tratarlos oportunamente.

Para la mayoría de las mujeres embarazadas, éste es más llevadero que el primero. Tu vientre se irá expandiendo a medida que subas de peso y que tu bebé se esté desarrollando. Tu postura empezará a cambiar. Se te notará la panza y la lucirás orgullosa. Quizá sientas leves dolores en la región lumbar, en los muslos e ingles. Así mismo, el fondo del útero casi llega a nivel del ombligo. ¡En este trimestre sentirás a tu bebé moviéndose! Tu busto aumentará de tamaño y puede haber ligera salida de calostro por los pezones. Éstos, lo mismo que las aréolas y la línea que va del ombligo al pubis, se oscurecerán. Quizá haya calambres en las piernas y continúe el estreñimiento.

Hasta hace pocos años el remanente del cordón umbilical y la placenta se desechaban inmediatamente después del evento obstétrico. La sangre del cordón umbilical y la placenta contienen células sanguíneas llamadas células madre, que dan origen a las células del sistema inmunológico y sanguíneas, y quizá también a otros órganos y sistemas del cuerpo humano, ya que tienen la capacidad de regenerar otros tipo de células. La sangre se obtiene de una manera sencilla una vez que ha ocurrido el nacimiento del bebé y que el cordón ha sido pinzado. El procedimiento no es doloroso ni peligroso para la madre ni para el bebé.

En la actualidad, el principal uso de la sangre de cordón umbilical, es en enfermedades donde existe la indicación para un trasplante de médula ósea (leucemias, linfomas, enfermedades inmunológicas, metabólicas, etc.). Éstos son algunos de los beneficios de guardar sangre en un banco de cordón: puede ser útil para su bebé o algún otro miembro de la familia en un futuro; sólo hay una oportunidad de guardar sangre de cordón umbilical y ésta es inmediatamente después del nacimiento; de un 30% a un 70% de la gente que necesita un trasplante de médula ósea no encuentra un donador que sea compatible (especialmente la raza mestiza, como la población hispanoamericana), la sangre de cordón es 100% compatible para uso propio.

La Academia Americana de Pediatría (AAP) publicó en 1999 que la probabilidad que un infante haga uso de su propia sangre de cordón en un futuro, va en un rango muy amplio que varía de 1 en 1000 hasta 1 en 200,000. Sin embargo, en un futuro, es posible que los científicos descubran que algunas de las enfermedades más comunes (diabetes, SIDA, enfermedad de Parkinson, Alzheimer, artritis reumatoide, etc.) puedan ser tratadas con sangre de cordón umbilical.

Su peso aproximado es de 500 gramos, miden alrededor de 20 centímetros. Aparecen las huellas digitales de manos y pies; comienza a formarse el vérnix, una película grasosa que protege su piel; su abdomen se hace más abultado; se desarrollan sus párpados y cejas, y un vello fino, llamado lanugo cubre la mayor parte de su cuerpo. Si son varones, los testículos empiezan a descender al escroto. Por otra parte, empiezan a reaccionar a la música y a los ruidos fuertes, perciben con claridad los latidos de tu corazón, así como tu voz y de quienes están cerca. Ya tienen la capacidad de almacenar información en la memoria, y de responder a los estímulos. Tienen más sensibilidad en la piel. Todo esto es debido a que su sistema límbico está totalmente desarrollado.

Las estrías las presentan entre el 50% y 90% de las embarazadas, pero no son una condición exclusiva del embarazo, ya que también se pueden desarrollar en personas que han tenido un aumento considerable de peso, o que han estado en tratamiento prolongado con corticoides.

Las estrías se forman por la ruptura de las fibras de colágeno y elastina en la piel. Aparecen con mayor frecuencia en el abdomen, la cara interna de los brazos, el busto y las caderas. Al principio se ven como líneas delgadas de color rojizo, luego se van engrosando y tornando blanquecinas y carentes de vello en su superficie. Llegan a medir hasta un centímetro de grosor.

Para prevenir que salgan durante el embarazo, la tarea es mantener la piel bien hidratada, de tal manera que resista el estiramiento que ocurre especialmente en el tercer trimestre. En la actualidad existen en el mercado cremas antiestrías o hidratantes de buena calidad que puedes aplicar en forma de masaje después del baño, y hasta dos veces más durante el día. Pero, si no comes saludablemente y no te hidratas, tomando por lo menos dos litros de agua al día, de poco te servirán los productos que te apliques. Así mismo, cuidar tu peso en esta etapa es de suma importancia para prevenir esta y otras condiciones desfavorables (como preeclampsia y diabetes gestacional). Recuerda que, una vez que las estrías aparecen, es muy difícil eliminarlas. Los tratamientos dermatológicos, a base de peeling son los que, al parecer, brindan los mejores resultados. Éstos se realizan una vez terminado el puerperio.

Al respecto, se analizaron 525 artículos médicos publicados en grandes estudios que compararon los hallazgos entre ultrasonidos convencionales (bidimensionales) y de tercera dimensión en búsqueda de anomalías congénitas, y los resultados no son determinantes. La diferencia es que el ultrasonido de tercera dimensión proporciona información adicional para el diagnóstico de anomalías faciales congénitas, defectos del tubo neural (columna vertebral) y malformaciones esqueléticas, principalmente de manos y pies. La utilidad, depende de la indicación formal de cada médico; puede ser desde el primer trimestre para medir translucencia nucal, hasta el tercer trimestre con fines particulares en cada paciente.

En 1988, el Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia (ACOG) sugirió que fuera abandonada la realización de cesáreas sin que exista una contraindicación absoluta en pacientes con una cesárea previa e incisión transversa. La sugerencia en estos casos fue intentar el parto por vía vaginal, y funcionó: en el reporte del estudio Nacional de Parto vaginal después de cesárea en Estados Unidos, en el período entre 1990 y el año 2000, de 1,453 mujeres que llegaron con trabajo de parto, 87% dieron a luz por vía vaginal; seis de ellas presentaron ruptura uterina, a una se le extrajo la matriz (histerectomía), y hubo siete muertes fetales o neonatales –la mayoría en pacientes que no tuvieron ruptura del útero (cinco de siete).

Al respecto, el Dr. Aaron B. Caughey menciona que el riesgo de ruptura uterina aumenta de 2.5 a 3 veces cuando se intenta el parto vaginal en un tiempo menor a los 18 meses de haber dado a luz por cesárea.

La anestesia epidural ó peridural generalmente está indicada en aquellas pacientes con trabajo de parto activo que tienen un umbral bajo al dolor y que por tal razón es prácticamente imposible culminar el nacimiento del bebé por vía vaginal sin su aplicación. En algunos casos, el dolor ocasionado por las contracciones uterinas hacen que se tensen los músculos del piso pélvico, prolongando más el trabajo de parto; en este caso, el uso de la anestesia epidural desaparecerá el dolor y favorecerá el progreso de la labor de parto. Otra indicación es cuando el Obstetra considera que será necesario aplicar un fórceps. En la operación cesárea, es la anestesia de elección. Respecto al bebé, este se pudiera ver afectado, transitoriamente, si la anestesia peridural causara una disminución importante de la presión arterial. Para prevenir esto, se coloca a la paciente acostada sobre un costado y se le hidrata primero pasando una carga de solución intravenosa (suero) antes de la aplicación de la anestesia. Tal procedimiento, lo lleva a cabo un Anestesiólogo experimentado en ésa técnica.

Primero, debes saber reconocer cuáles son las contracciones de un verdadero trabajo de parto, y éstas son sus características: ocurren a intervalos regulares (de dos a tres contracciones en un lapso de 10 minutos, con una duración de 45 a 60 segundos), son intensas (se dificulta hablar mientras suceden), se acompañan de dolor en la región lumbar, causan cambios en el cuello uterino (lo hacen blando, acortan su longitud y lo dilatan), no ceden con el reposo. En tanto, las contracciones de un falso trabajo de parto son irregulares, los intervalos de tiempo entre una y otra contracción son variados (desde cada 10 hasta cada 15 minutos), no son tan intensas, el dolor se refleja en la parte baja del vientre y es más tolerable, no modifican el cuello del útero y, habitualmente desaparecen con el reposo.

Debes saber que el trabajo de parto se divide en tres períodos: Período de dilatación y borramiento. En la paciente que da a luz por primera vez (primípara), tiene una duración de aproximadamente ocho horas (tiempo suficiente para llegar al hospital), y en la paciente que ha tenido más de un parto (multípara), dura aproximadamente cinco horas. Este período inicia con la fase activa del trabajo de parto y termina al llegar la dilatación del cuello del útero a 10 centímetros. Es conveniente el monitoreo intrahospitalarios de la frecuencia cardiaca fetal y de las contracciones uterinas durante este período. Período expulsivo. Tiene una duración aproximada de 50 minutos en las primíparas, y de 20 minutos en la multíparas. El bebé empieza a descender y la madre tiene la sensación urgente de querer defecar, debido a la presión que hace la cabeza del bebé (en su paso por la vagina) sobre el recto, despertando ese reflejo. Este período culmina con el nacimiento del bebé y el pinzamiento y corte del cordón umbilical.

Existen pruebas conocidas como “Marcadores Bioquímicos del primer trimestre”, que detectan hasta el 91% de los casos de Síndrome de Down, con un 4.8% de falsos positivos: En el año 2000, el Dr. David A. Krantz publicó un estudio efectuado con más de 10,000 mujeres que cursaban el primer trimestre del embarazo, en el que se hizo una medición combinada de tres elementos:

1) La Proteína Plasmática A (único marcador bioquímico efectivo para detectar dicho padecimiento en ésa fase);

2) La fracción libre de la subunidad β de la hormona hCG;

3) La translucencia nucal. Ésos, junto con otras variables –como la edad y el peso maternos, la incidencia de embarazos múltiples, diabetes, tabaquismo, entre otras- permiten calcular el riesgo estadístico, y lo recomendable, según el mismo estudio, es hacerlo entre las semanas 11 y 13 del embarazo.

Existen otros dos exámenes que son invasivos, y se realizan bajo control por ultrasonido:

1) Biopsia de vellosidades coriónicas, la cual se realiza entre las semanas 10 y 12. Consiste en introducir un tubito delgado a través del cuello de la matriz hasta alcanzar las vellosidades que unen el saco amniótico con la pared del útero, para obtener tejido cuyas células se analizarán para hacer una evaluación cromosómica. Este procedimiento implica un 1% de riesgo de provocar aborto y se ha asociado con malformaciones congénitas en los dedos de las manos y de los pies en 1 de cada 3,000 casos. Ofrece 99% de precisión.

2) El otro estudio invasivo es la Amniocentesis, que se realiza entre las semanas 13 y 15 del embarazo. Consiste en introducir una aguja a través de la pared abdominal y el útero o matriz para tomar una muestra del líquido amniótico que rodea al bebé. Se cultiva por una ó dos semanas y se somete a análisis para detectar anomalías cromosómicas. Con éste estudio, el riesgo de aborto es de 1 en 200 casos, y su precisión diagnóstica es de alrededor de 99.4% a 100%.

Fuentes de Consulta

  1. Krantz et al Obstet Gynecol 2000:207-213.
  2. J. Ultrasound Med., Diciembre 1, 2005; 24(12): 1599-1624.
  3. Revista científica Obstetrics & Gynecology por Lieberman et al. 104 (5):933.
  4. John C. Hauth, Larry C. Gilstrap III, Katharine D. Wenstrom. Revista Científica Pediatrics Vol. 104 No. 1 July 1999, pp 116-118.
  5. Williams Obstetrics, 22nd Edition. F. Gary Cunningham, Kenneth L. Leveno, Steven L. Bloom.
  6. www.marchofdimes.com/professionals
  7. www.nacersano.org
  8. www.nutrimundo.org
  9. www.babysitio.com
  10. www.psicoactiva.com/atlas/limbic.htm
  11. www.saludhoy.com/htm/embar/articulos/desfet1.html
  12. www.womenshealth.gov
  13. www.emedicine.com/med/topic3434.html
  14. www.cordoblood.org/
  15. www.healthsystem.virginia.edu/UVAHealth/peds_hrpregnant_sp

Glosario

    Translucencia nucal: Medición del grosor del espacio que hay entre la piel y el tejido blando subcutáneo a nivel de la región cervical.

    Sistema límbico: También llamado cerebro medio, es la porción del cerebro situada inmediatamente debajo de la corteza cerebral, encargado de las funciones afectivas.

    Peeling: Exfoliación y restauración de la capa más superficial de la piel, llamada epidermis.

    Puerperio: Período que inicia con la expulsión de la placenta y termina a los 40 días posteriores al parto, y en el que la mujer vuelve a su estado físico previo.

    Anomalías congénitas: Alteraciones con las que nace el bebé.

    Evento obstétrico: El nacimiento del bebé, propiamente dicho.

    Piso pélvico: Conjunto de músculos que forman una especie de hamaca tensa que sostiene la uretra, la vejiga, el útero, el recto, y los órganos que están en la pelvis.

    Remanente: Aquello que queda de algo.

    Trabajo de parto activo: Presencia de contracciones uterinas regulares (3 en 10 minutos) en pacientes con un cuello uterino con más de 3 centímetros de dilatación.

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